Por Luis Gudiño
Sin dudas, Fernando Fleitas fue uno de los nadadores más destacados de nuestra ciudad y compitió de igual a igual con los mejores del circuito FINA durante varias temporadas.
En 1991 ganó la Santa Fe-Coronda con autoridad, por lo que en diálogo con El Litoral, comentó algunas vivencias de esa carrera y de otras en las que también tomó parte.
Pero sin dudas, lo que más disfruta es cuando ese año, gracias a una estrategia elegida junto a su guía, Florencio Romeo, tomó por el vado en la parte baja, mientras el resto lo hizo por el medio del río, y sacó una importante ventaja que le permitió consagrarse como campeón de la prueba.
Por culpa del sprint
“Mi primera edición de la Santa Fe-Coronda fue en diciembre de 1988. Tal es así, que nosotros teníamos muy poca experiencia en esto, solo había nadado mi hermano Diego en el ‘87”, indicó inicialmente.
Luego comentó que “se hacía un sprint que se largaba desde Piedras Blancas, se retornaba en una boya y después volvíamos hasta el Puente Colgante. Esa primera edición me acuerdo que me hablaba mi entrenador y me decía: mirá, no vas a querer correr el sprint, quédate tranquilo; la carrera es larga, el río está muy bajo y será un maratón muy duro, por lo que el sprint te puede significar la carrera”.
“Sí, sí... le dije yo, por supuesto no lo voy a correr, quedate tranquilo Raúl, vamos a salir tranquilos”, afirmó.
“En esa época, todavía había una característica: los amateurs largaban 2 minutos antes que los profesionales; salimos a nadar muy tranquilos, junto a Claudio Plit y Alejandro Lecot. Pero cada vez nadábamos más fuerte y cuando nos acordamos, incluso antes de llegar al Puente Colgante, lo habíamos pasado a Diego Degano, que había largado en categoría amateurs, por lo que gané el sprint”, indicó.
“Y ocurrió tal cual me había dicho Raúl: lo gané, pero me costó la carrera. No pude recuperarme nunca más. Yo pensé: aflojo de acá hasta el puerto, me relajo y después otra vez arranco... ; pero nunca lo logré; esa carrera llegué sexto, a media hora de Diego, fue realmente durísimo”, aseguró.
“Choqué una piragua”
“En la edición del año 1992, estábamos nadando bastante complicado cerca de Sauce Viejo, habíamos tenido un error muy grande en el vado y por consiguiente yo venía quinto, tratando de darle alcance al cuarto”, expresó.
“En un momento dado se nos cruzan un par de estos muchachos un poquito pasados de alcohol, con una piragua en el medio del río, porque realmente como siempre pasa, la gran cantidad de embarcaciones está con los punteros, nosotros veníamos bastante mas atrás y no se de donde salió... de la nada. Yo no la ví, le pegué un golpe terrible con la mano y la cabeza a la piragua”, recordó.
“Cuando reaccioné, no entendía lo que estaba pasando; parecía que llovían cosas, no entendía que eran todos mis amigos que desde el bote que me estaba acompañando le estaban tirando, botellas, zapatos, todo lo que podían encontrar para que se corriera porque yo había quedado golpeado”.
Porqué mariposa
“En setiembre de 1990, unos meses previos a la edición del 1991, que tuve la suerte de ganar, estábamos en una concesionaria importante de Santa Fe, yo con mi mejor amigo Javier Kaiser, en ese momento también se nos acercó el periodista Ricardo Porta, y me dijo: mirá, yo te voy apoyar, vamos a ser un trabajo en conjunto para ver si podemos ganar la Santa Fe-Coronda del 91; pero te pido como favor, que cuando llegues (si llegás a ganar el maratón) tenés que hacer algo que te voy a pedir, pero que solamente un par de días previos a la carrera te lo voy a decir”.
“Me tuvo en vilo durante meses. Yo no sabía que es lo que me iba a pedir y después se juntaron con Javier, tres días antes, incluso estaba Florencio Romero en la oficina de Porta, y me dijo yo lo único que quiero es que si vos llegas a ganar el maratón, cuando vengas definiendo tranquilo los últimos metros, nades estilo mariposa”, indicó.
“Tal es así que lo hice: faltaban 50 o 60 metros para llegar, ya estaba sobre el andarivel de llegada y se acercó un bote por la izquierda, que era el mismo Kaiser y todos los vagos amigos míos de la Neco. Me decían, me hacían señas... dale mariposa...mariposa; entonces tal es así que yo llegué nadando mariposa, y quedó la anécdota para siempre. A partir de ahí, todos los maratones, salga primero o último, siempre llegaba con el mismo estilo”.
¡Todos al agua!
“En la edición de 1991, cuando yo estoy llegando con nado mariposa, toqué el pontón -en realidad un cartel de publicidad de una empresa que auspiciaba el maratón- y luego me acerqué donde estaban todas las autoridades presentes”, recuerda Fernando.
“Bueno, estaba abarrotado de gente. Yo me di cuenta que eso estaba muy inestable y casi a flor de agua; tal es así, que en ese momento estaba el secretario de Turismo de la Nación, Paco Mayorga, el intendente de Coronda, el gobernador de la provincia, todas las autoridades, había policía, camarógrafos”, etc., agregó.
“Cuando Mayorga me va a dar la mano para saludarme yo estaba desde el agua y le alcanzo mi mano se vino todo abajo, todo el pontón. Mayorga, al agua, ¡todos al agua!”.
“Había un policía con una cara de tristeza porque se le había caído su pistola al agua y la levantaba y le chorreaba, fue un desastre esa llegada. Tal es así que después nos subimos todos y de la misma desesperación nos volvimos a caer de nuevo al agua. A partir de ese momento nunca más se repitió. Porque la organización cambió, se mejoraron las cosas y bueno nunca más volvió a pasar”, señaló el gran nadador santafesino.
“Se viene, se viene”
“En la carrera de 1991 estábamos a unos 15 o 20 minutos de Punta del Este, la famosa curva y contra curva llegando a Coronda, donde hay un paredón muy grande que es un punto de referencia, ya que ahí sabemos que queda poco del maratón para llegar al final y yo venia ganando la carrera”, recordó Fernando.
“Le había sacado una diferencia a Diego Degano, que estaba en segundo lugar en ese momento, y me acuerdo muy bien que mi padre se acercó a la lancha y desesperado me hacía señas diciéndome: ¡ dale que se viene, dale que se viene...! . Yo lo miraba a Florencio Romero, mi guía y el ni se inmutaba; seguía mirando para adelante muy tranquilo; mientras papá insistía el bote de apoyo ubicado del otro lado”.
“Yo entré a mirar para atrás porque no entendía lo que pasaba. Y es verdad, lo que se venia era el Tormenta (el barco del suegro de Diego) que se venía, se venia. Yo digo: Uh!! No puede ser, se está viniendo Diego. Pero Florencio, me decía: todo bien, todo bien, y mi viejo se viene!, se viene!...”, acotó.
“Yo tenía una desesperación increíble, porque estaba faltando muy poco para la carrera y estaba muy cansado en ese momento. Pero era el barco solamente el que venía cerca; se estaba adelantando para tener una mejor ubicación. Tal es así, que en el momento que llegó el barco yo tenía 200 de pulso; estaba desesperado porque no daba más y el bote se venía cada vez más cerca. Cuando ví que pasó el bote solo, lo mire con una cara a mi viejo, le dije unas cuantas cositas y me quede mas tranquilo... Pero sin dudas, fueron momentos bastantes duros para mí”, recordó con una sonrisa.


































