La argentina que llevó sus raíces al país más seguro del mundo sin dejar de soñar con volver
Islandia encabeza el Índice de Paz Global 2025 por su cohesión social y bajos índices de criminalidad, un contexto que favorece el desarrollo de proyectos personales y comerciales. En ese escenario, Carla Valvo convirtió los desafíos de emigrar en una oportunidad y creó una marca de alfajores que combina la tradición, identidad y diseño.
La argentina que llevó sus raíces al país más seguro del mundo sin dejar de soñar con volver
Islandia volvió a liderar en 2025 el Índice de Paz Global, consolidándose por decimoséptimo año consecutivo como el país más seguro del mundo, de acuerdo con la última edición del informe del Instituto para la Economía y la Paz (IEP) que evalúa a 163 naciones en base a 23 indicadores de seguridad, violencia, conflictos y estabilidad social.
El salto sostenido en la clasificación refleja cohesión social, bajo nivel de criminalidad y eficacia institucional, atributos que distinguen al país nórdico en un contexto global de incertidumbre creciente.
Para Carla Inés Valvo, diseñadora y emprendedora argentina radicada en Reikiavik, esa tranquilidad no es solo una estadística: es el entorno que le permitió reinventarse, sanar, emprender y llevar los sabores de Argentina hasta el polo norte, sin dejar nunca de pensar en el regreso.
Islandia volvió a liderar en 2025 el Índice de Paz Global, consolidándose por decimoséptimo año consecutivo como el país más seguro del mundo.
Vivir en el país más seguro del mundo
Islandia encabeza desde 2008 el ranking mundial de seguridad y paz, con niveles mínimos de criminalidad y una fuerte cohesión social. Esa estabilidad no queda en los informes: se traduce en rutinas simples, confianza entre las personas y un modo de vida donde el bienestar es una prioridad cotidiana y tangible.
“Acá la seguridad se siente todo el tiempo”, explicó Carla Valvo desde Reikiavik. “Podés caminar sola a cualquier hora, dejar cosas sin miedo, trabajar tranquila”. Esa calma, asegura, impacta directamente en su manera de crear y de pensar proyectos a largo plazo, algo que considera clave para emprender.
Antes de emigrar, Carla vivía en Buenos Aires y tenía una carrera consolidada en el mundo de la moda. Durante más de una década trabajó en Rapsodia, donde llegó a ser manager de ventas y viajó por distintos países, sumando experiencia y una mirada internacional sobre el diseño y el consumo.
“Siempre tuve una inquietud creativa más amplia”, contó Valvo. Escuchar a las clientas y entender sus deseos la llevó a crear su propia marca familiar, Intensa Joy and Art. Allí empezó a desarrollar un estilo propio y a liderar proyectos, sin perder nunca el anhelo de crecer dentro de su país.
Para Carla Inés Valvo, diseñadora y emprendedora argentina radicada en Reikiavik, esa tranquilidad no es solo una estadística.
El plan de irse para volver
La idea de emigrar nunca fue definitiva. Carla viajó a Italia con un objetivo claro: hacer la ciudadanía, juntar dinero y regresar a la Argentina para abrir su propio showroom. “Nunca pensé en irme para siempre”, aclara, y esa certeza atraviesa toda su historia personal y profesional.
“Argentina siempre fue y sigue siendo mi casa, mi raíz y mi mayor inspiración”, afirmó Valvo. Incluso hoy, viviendo en Islandia, el regreso forma parte de su horizonte. Para Carla, emigrar fue una etapa de aprendizaje y crecimiento, no un corte con su identidad ni con su futuro en el país.
Italia, el amor y un giro inesperado
En Catania, Italia, el plan comenzó a transformarse. “Llegué por unos meses y conocí el amor”, recuerda. Esa experiencia personal cambió el rumbo previsto y la abrió a la posibilidad de construir algo nuevo, sin dejar de sentirse argentina ni de pensar en volver.
Durante esa etapa empezó a vender empanadas argentinas, casi como un gesto de nostalgia. Sin saberlo, estaba sembrando el germen de su futuro emprendimiento. La comida, los sabores y el vínculo emocional con Argentina empezaban a ocupar un lugar central en su camino.
El salto hacia Islandia
Mientras vendía empanadas en Italia, Carla conoció a un salteño que vivía en Reikiavik. “Me contó lo bien que se vivía en Islandia y esa charla fue un punto de inflexión”, relata. Con su pareja comenzaron a proyectar un nuevo capítulo, esta vez en el extremo norte de Europa.
“Acá la seguridad se siente todo el tiempo”, explicó Carla Valvo desde Reikiavik.
Llegaron a Islandia en octubre de 2019. “Imprimimos 50 currículums cada uno y dije: ‘Hoy conseguimos trabajo’”, recuerda. Al segundo día, ambos estaban empleados. La rapidez de la inserción laboral fue el primer indicio de un país ordenado y abierto a los extranjeros.
El impacto de la vida cotidiana islandesa
La adaptación fue inmediata. Carla destaca la limpieza, el respeto y el fuerte desarrollo social. “Es un país donde el bienestar no es un discurso, es una realidad”, señala. La seguridad atraviesa todos los aspectos de la vida diaria y se convierte en una base sólida para proyectar.
“Esa tranquilidad te ordena la cabeza”, explica. “Te permite trabajar con calma, pensar a largo plazo y disfrutar del proceso creativo”. Para Carla, vivir en el país más seguro del mundo fue determinante para animarse a emprender en un momento personal complejo.
Con el deseo de sentirse cerca de casa, empezó a bocetar Re Argentina Alfajores.
Emprender como forma de sanar
Al año de llegar, la pandemia y una separación personal marcaron una etapa difícil. Lejos de paralizarla, Carla decidió transformar ese dolor en un proyecto propio. “Emprender fue una forma profunda de sanar”, confiesa, al recordar ese proceso íntimo de reconstrucción.
Con el deseo de sentirse cerca de casa, empezó a bocetar Re Argentina Alfajores. Probó recetas, hizo múltiples ensayos y buscó una identidad que la representara. Crear se convirtió en refugio y en motor, incluso cuando el contexto personal era adverso.
Dulce de leche, resiliencia y creación
“Capitalizar el dolor con dulce de leche y chocolate fue maravilloso”, dice Carla. El proceso creativo se volvió terapéutico. “Aun con lágrimas en los ojos, los sueños no descansan”, resume, convencida de que la pasión puede transformar incluso los momentos más oscuros.
Cada alfajor está pensado como algo más que un producto. “Lleva una historia de resiliencia y transformación”, explica. Moldes con soles, lunas y flores reinventan un clásico argentino, combinando tradición, diseño y una fuerte carga emocional.
Durante una fiesta cultural, Carla salió a la calle con una canastita de mimbre y 30 alfajores de maicena. . “Los regalaba a cambio de que me dijeran qué les parecía”, recuerdó.
Un lanzamiento genuino
El 1º de agosto de 2024 decidió lanzar oficialmente la marca. Durante una fiesta cultural, salió a la calle con una canastita de mimbre y 30 alfajores de maicena. “Los regalaba a cambio de que me dijeran qué les parecía”, recuerdó.
“Les contaba que la marca se llamaba Re Argentina, que el slogan era ‘Me re gusta’, y les pedía un video”, contó. Así, de manera cercana y humana, el proyecto comenzó a crecer con seguidores orgánicos y una conexión real con la gente.
Argentina en el polo norte
“La identidad argentina es el corazón de Re Argentina”, afirma Carla. Está presente en los sabores, en los colores y en el mensaje. “Llevar Argentina al polo norte es una forma de homenajear mis raíces y compartirlas con el mundo”, sostiene.
Incluso hay guiños culturales que generan complicidad. En cada caja puede leerse: “Si vas a Islandia, traé alfajores”, una frase típica entre argentinos. “Quiero que quien pruebe un alfajor sienta un pedacito de nuestro país”, explica.
Desafíos y ventajas de emprender lejos
Construir un proyecto desde cero en un país nuevo no fue sencillo. “El mayor desafío es empezar de nuevo”, reconoce. El idioma, la cultura y la distancia obligaron a aprender constantemente y a adaptarse a un entorno muy distinto al argentino.
Pero también encontró una ventaja clave. “Ser diferente”, dice. Islandia valora lo artesanal, lo auténtico y las historias reales. “Eso permitió que el proyecto creciera de manera orgánica y sólida”, explica Carla, convencida de que su identidad fue una fortaleza.
"Busqué recetas, hice muchísimas pruebas hasta encontrar una que realmente me representara", contó Carla respecto a su emprendimiento.
Crecimiento y futuro
En solo un año, Re Argentina creció “a pasos de vikingos”. Hoy la marca está presente en más de 20 puntos de venta, incluyendo una cadena de siete supermercados, donde también se comercializa su dulce de leche.
“Siempre soñé con ser la primera marca de alfajores en Islandia”, dice Carla. Hoy ese sueño es realidad. Sin embargo, el horizonte sigue abierto y el crecimiento no se detiene, impulsado por la tranquilidad que ofrece el país más seguro del mundo.
El sueño intacto del regreso
Aunque su presente está en Islandia, el regreso sigue siendo parte del plan. “Uno de mis grandes sueños es volver y abrir mi propio local en Mar del Plata”, revela. Para Carla, volver no es retroceder, sino cerrar un círculo.
“Argentina vive en mí todos los días”, afirma. Desde el país más seguro del mundo, construye futuro sin soltar sus raíces, convencida de que ir y volver siempre fue parte del mismo camino.