En el Hospital Sayago de nuestra ciudad, por iniciativa de dos médicas neumonólogas empoderadas con el problema del tabaquismo, se formó un equipo interdisciplinario para atención de pacientes que quieren dejar de fumar. Se capacitaron -por su cuenta- en la Sociedad Española de Neumonología y Cirugía de Tórax y obtuvieron el título de Experto en Tabaquismo, además de hacer una rotación por el servicio de cesación tabáquica del Hospital de la Comunidad de Madrid.
“Cuando volvimos de España iniciamos esta tarea en el hospital, a pulmón porque nos apasiona este tema. Ahora tenemos la ayuda del Dr. Ignacio Alassia, psiquiatra (que pertenece al Mira y López pero viene al hospital una vez por semana); la psicóloga Paula Cejas; y la enfermera Patricia Jaime”, explicaron las Dras. Martha Arce y Virginia Larivey.
También contaron cómo abordan a los pacientes de entre 17 y casi 80 años, tanto hombres como mujeres, que llegan para ser atendidos por el equipo -en su mayoría- gracias al “boca a boca” de otros pacientes, por carteles que colocaron en centros de salud y, en menor cantidad, derivados por médicos o personal de salud (“lamentablemente, muchos colegas no consideran al tabaquismo como una enfermedad”, opinaron).
“Como el tratamiento de tabaquismo tiene un abordaje multidisciplinario, primero evaluamos al paciente las médicas neumonólogas (se le hace evaluación de su función pulmonar, cómo afecta el tabaquismo sobre su cuerpo y cómo es su motivación para la cesación) y vemos si puede ser tratado médicamente, si necesita hacer un seguimiento psicológico o si precisa ser atendido por sus comorbilidades psiquiátricas”.
“En esa primera consulta, más larga e individual, utilizamos la misma historia clínica de la Unidad de Cesación Tabáquica donde nos formamos en Madrid, porque valora la parte de adicción, lo gestual y lo motivacional, entre otros aspectos que hacen que una persona fume. Se les da mucho apoyo psicológico porque muchas personas tienen dependencia física y también psicológica al tabaco. Se define si se hace un tratamiento médico sólo o combinado (médico y psicológico y/o psiquiátrico). A aquellos pacientes que vemos candidatos para hacer talleres de cesación tabáquica grupal, para hablar de cómo se están sintiendo durante el proceso de dejar de fumar, los invitamos a participar. Funcionan los lunes, a las 8, en el hospital, y tienen una duración de entre 6 y 8 sesiones. Los demás, son incluidos en tratamientos individuales”.
Otro tema que les preocupa es la falta de medicación para entregar a los pacientes. En este punto, aclararon que “pensar que dar una pastilla es la solución al problema es ser muy ilusos. Hay que indicarla en el momento en que el paciente esté en condiciones de afrontar la cesación tabáquica y hacer su seguimiento. Pero estamos huérfanos en cuanto a tratamiento médico.
Hay una ley nacional que promueve ambientes libres de humo de tabaco pero, como Argentina no ratifica el Convenio Marco para el Control del Tabaco, la gran mayoría de las obras sociales no cubren los tratamientos para dejar de fumar y, a nivel público, no cubren la medicación. Hay algunos pacientes que pueden comprarse la terapia de reemplazo nicotínico (chicle o caramelo de nicotina) pero en los hospitalarios es muy raro que puedan tener acceso a comprarla. Hay un grupo que son adictos importantes al cigarrillo y no sólo con el taller y lo que les digamos vamos a conseguir un cambio: necesitamos medicamentos y no los tenemos en la gran mayoría del país”.
Por último, remarcaron la importancia de que todo el equipo sanitario esté involucrado en la prevención del tabaquismo y/o el tratamiento de pacientes fumadores. Opinaron que “cualquier personal de salud (una enfermera de un dispensario cuando está vacunando o cuando un fumador va acompañando a un familiar al médico) puede hacer la denominada intervención breve, que no dura más de cinco minutos. Consiste en preguntarle si fuma, cuánto, desde cuánto, si pensó en dejar el cigarrillo, si se siente mal y darle información sobre estos equipos interdisciplinarios gratuitos a los que puede concurrir. No hay que desaprovechar esas oportunidades de estar frente al paciente fumador (muchos, ni siquiera preguntan si esa persona fuma).
La función modélica que tiene que cumplir el personal de salud es muy importante”.