El 1 de mayo, fecha asociada al Día del Trabajador, no solo convoca a reflexionar sobre el mundo laboral, sino que también activa una serie de prácticas simbólicas vinculadas a la energía, la renovación y la intención personal. Entre ellas, el ritual con sal vuelve a cobrar protagonismo, impulsado por creencias populares que sostienen su capacidad de limpiar, proteger y atraer prosperidad.



































