Hay palabras que parecen alcanzar su verdadero sentido recién cuando el tiempo las toca. "Habitar" es una de ellas. Durante siglos, creímos que habitar era simplemente morar, ocupar, permanecer. Pero el mundo -con sus ritmos que se aceleran, sus fragilidades expuestas, sus heridas que no terminan de cicatrizar- nos obligó a mirar de nuevo aquello que dábamos por sentado.



































