Habitar es percibirse. La arquitectura, aunque construida con materia, tiene efectos profundos sobre el alma. Habitar un espacio no es solo estar en él, sino ser modificado por él. Desde la disposición de una ventana hasta la escala de una plaza, el diseño espacial condiciona cómo sentimos, cómo nos movemos, cómo pensamos y, en última instancia, cómo nos entendemos a nosotros mismos.



































