Volviendo a Chiappori un colaborador silencioso en la obra del monumento al Brigadier, Carlos Ibarguren dijo al despedirlo: “Era un espíritu inquieto abierto a todas las emociones delicadas y nobles, bondadoso y tolerante. Cultivó diversas zonas de la labor intelectual; se inició durante su juventud en estudios científicos de medicina, pero después se alejó de estos, para seguir, obedeciendo al empuje de su temperamento, su verdadera vocación: la literatura y el arte. En estos campos ha descollado, con sus obras que enriquecieron la cultura argentina. Su sensibilidad refinada dio a su pluma de literato y de critico una agudeza sutil para mirar y analizar con hondura la vida, los hombres, las cosas y las creaciones estéticas, para mostrarnos en sus libros las bellas imágenes que le sugerían sus visiones de artista”.