El 27 de febrero de 1812, Belgrano se dirigió nuevamente al primer Triunvirato en estos términos: “Siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste, conforme a los colores de la escarapela nacional: espero que sea de la aprobación de Vuestra Excelencia”. En ningún momento el prócer señala qué formato tenía la bandera por él creada. Tampoco dice que la enarboló, dónde, cuándo, ni si la hizo jurar. Es llamativo que diga “blanca y celeste, conforme a los colores de la escarapela nacional”. Tampoco dice que tuviera tres franjas, ni la correspondiente distribución de sus colores. Es claro que si la hubiera creado con tres listones, así lo habría indicado al Triunvirato, a fin de que éste pudiera aprobar y replicar la insignia de su creación en los demás cuerpos patrios.