Creo que siempre me gustaron los pájaros. Cuando era niña los observaba dentro de las jaulas que mi bisabuelo tenía en el patio de su casa. A principios del siglo XX había sido una finca enorme de la familia Sánchez, cerca del Distrito Militar. Era una de esas construcciones tradicionales de adobe donde había una habitación pegada a otra. En la parte posterior un aljibe recolectaba la lluvia profusa del clima litoral. Era el espacio destinado a la cría de animales, sobre todo vacas, caballos y gallinas. En el frente se destacaba un jardín de calas y otras flores, que se comercializaban entre los vecinos para embellecer ocasiones muy especiales como la pena de un entierro o el regocijo de un casamiento.



































