No es que Dios esté arriba de nosotros, mandando, exigiendo, juzgando y controlando. Es el amigo, el compañero que nos comprende, que sufre y goza con cada uno de nosotros. Para encontrarlo "no vayas afuera, sino permanece dentro de tu corazón" (San Agustín). ¡Él se ha definido como Amor y se nos ha manifestado como Servicio en y con Cristo!




































