La virtud del filósofo francés Gabriel Marcel (1889-1973) radicó en su completa oposición al existencialismo ideológico de su época, que deparaba al hombre una mirada radicalmente pesimista de la vida y el mundo, luego de haber observado una Europa diezmada por la guerra. Pues, según el filósofo católico Jacques Maritain, "nada es más fácil para una filosofía que ser trágica: no tiene más que abandonarse a su peso humano", una cita que muy bien plasmó Marcel en el ensayo titulado "Posiciones y aproximaciones concretas al misterio ontológico". Precisamente, la filosofía de Martin Heidegger, Albert Camus y Jean Paul Sartre, se trató, en el fondo, de un psicologismo nihilista y humanista de lo absurdo, con ciertas pretensiones pseudo-metafísicas que no sobrepasó por esta misma razón el plano meramente fenoménico, producto del tiempo que les tocó vivir a los autores de la posguerra.

































