La filosofía del autor francés Jean Paul Sartre es, en realidad, una vaga imitación hegeliana del tránsito del "no-ser" al "ser" y viceversa, y de la identificación del "ser" con la "nada". "El puro ser y la pura nada son por lo tanto la misma cosa", afirmó Georg Hegel en la "Ciencia de la Lógica". Para el francés, el hombre porque "no es", al mismo tiempo, "es". Y de allí mismo se da el "proyecto de ser" o de "autocreación". Sartre, a imagen de Hegel, es la síntesis antropológica del idealismo alemán. Es decir que aplicó ese idealismo al proyecto existencial, lo cual es grave, porque desvincula al hombre con su propia naturaleza dada (que se funda, a su vez, en el "Ser-Trascendente"), y no auto-dada por la propia "inmanencia de ser" en el "plano fenoménico" y, en suma, fabricada por la propia "conciencia" al erigir a un hombre-dios como quiso el filósofo francés. He aquí un puro "subjetivismo-inmanente" y por tanto irreal propio del idealismo, en este caso aplicado a la existencia.

































