Queridos Amigos. ¿Cómo están? Voy a comenzar mi reflexión de hoy con una breve historia: "Cuentan que en una parroquia se realizó una colecta extraordinaria para pagar las obras de la iglesia. El domingo de la colecta los feligreses depositaban sus sobres en las bandejas y los que hacían la colecta observaron como una señora se quitaba un valioso anillo y lo echaba en la bandeja. Terminada la misa la buscaron y le dijeron: ahí tiene su anillo, no lo necesitamos, hemos colectado suficiente dinero para pagar las obras. La señora se lo dio de nuevo y les dijo: 'No se lo he dado a ustedes, se lo he dado a Jesucristo' (…)".


































