No es lo único en el edificio que remite a las culturas árabes de Andalucía. Lo mismo ocurre con sus patios internos laterales, en los que hileras de naranjos flanquean las hendiduras de estrechas albercas longilíneas que unen fuentes circulares, dispositivo y diseño evocadores de los granadinos jardines de agua del Generalife. Fueron parte del repertorio arquitectónico empleado en su momento por Manuel Torres Armengol, nacido en Barcelona, para dar cima al gran edificio universitario, en el que las referencias a la Edad Media (tiempo de origen de las primeras universidades), el Renacimiento (sobre todo, italiano y español) y las múltiples trazas de la cultura mudéjar (en los siglos IX y X los conocimientos árabes en matemática, medicina, filosofía, astronomía, arquitectura, con centro en la ciudad de Córdoba, eran los más avanzados de Europa). Pues bien, esa multiplicidad de fuentes del conocimiento, como nutrientes del saber universal, impregnan, por obra del arquitecto hispano-argentino, la casa mayor de la UNL. Y de ese conglomerado simbólico, en estas líneas me quedo con la torre de la esquina noroeste, porque nos abre la puerta para hablar de otras precedentes que le han prestado su nombre.