El poeta Guillermo Neo, ahora con "Los perros ladran, debemos estar cerca" (*), continúa intensificando su vertiente vivencial, una que se abre generosa a la insondable experiencia: "En cualquier lugar./ cualquier historia./ cualquier aventura./ cualquier impresión./ cualquier pasatiempo./ la condensación de mis perspectivas./ Es un conjunto de definiciones,/ un diccionario". Su programa lírico no aspira la grandilocuencia metafísica. Tampoco hay casi rastro de tono celebratorio en sus versos, sino la experiencia neutral de la materialidad de las palabras que contienen cada poema, su ingrávida facticidad: "No olvides que el sol/ no es un dios/ es solo una piedra incandescente/ y que la luna no es una diosa madre/ es solo una bola de ceniza fría".
































