Mediodía gris. Las nubes manchan el cielo y la brisa fresca juega con los árboles como si el frío tuviera pereza en marcharse. Hoy la primavera está retobada y el sol no se atreve a contrariarla. Sin embargo mi casa conserva la tibieza del invierno. Los sonidos de la naturaleza llegan como un eco remoto rasgando la mudez del momento, invadiendo los ambientes de simplezas cotidianas. Apago la hornalla. La salsa humea en la cacerola desprendiendo perfumes de tomillo y ajo. Es el horario en que mi hija sale del colegio y tengo que ir a buscarla. Me coloco un abrigo liviano y parto sin prisas por la rústica calle circundada de verdores y de trinos. Mis huellas solitarias se confunden en la tierra con otros pasos errantes y desconocidos.




































