+ SECCIONES
El Litoral
BUSCAR
EL LITORAL
  • Todos los Títulos
  • Área Metropolitana
  • Sucesos
    • Santa Fe Policiales
  • Deportes
  • Política
    • Filtrado
  • Economia
    • Puerto negocios
    • Dolar Hoy
  • Educación
  • Salud
  • Información General
  • Clima
  • Regionales
  • Campolitoral
  • Internacionales
  • Actualidad Sabalera
  • Actualidad Tatengue
  • Arte
  • Necrológicas
  • Edición Impresa
  • Especiales
  • Contenido Patrocinado
  • Clasificados
  • Agenda Cultural
  • Podcast
  • Servicios
  • Radios en vivo
  • Sitios
    • Mirador Provincial
    • Vivi Mejor
    • Notife
    • Sur 24
    • Revista Nosotros
    • Puerto Negocios
    • CyD Litoral
    • Educación SF
    • Norte 24
  • Escenarios & Sociedad
    • Show
  • Videos
  • Multimedia
    • Galerías de Fotos
    • Videos
    • Webstories
  • Opinión
  • Quienes Somos
  • Autores
  • Temas
  • Alianzas
  • Comercial EL

#HOY:

Maximiliano Pullaro
Javier Milei
Colón
Unión

OPINIÓN

Glosas santafesinas

Del Club Universitario al Comedor Universitario

El cierre del Comedor Universitario en 1975 marcó el fin de una era de camaradería y debate, dejando huella en la memoria de generaciones de estudiantes.

Del Club Universitario al Comedor UniversitarioDel Club Universitario al Comedor Universitario

Domingo 29.3.2026
 16:00
Agregar El Litoral en
Agregar a tus medios preferidos en Google
Rogelio Alaniz
Por: 
Rogelio Alaniz

I

Las imágenes se suceden. Son fragmentos, astillas, brisas a veces invisibles. Cuando en 1967 llegué a Santa Fe para estudiar, aunque a juzgar por los sucesos no estaba del todo claro el objeto de estudio, la cita de todas las noches era el Club Universitario ubicado en los altos de Las Delicias.

El salón inmenso; los balcones sobre calle San Martín e Hipólito Yrigoyen; el bullicio de los estudiantes que llegaban del Comedor Universitario, desde la facultad o desde vaya uno a saber dónde. Entonces, todos eran mayores que yo. Y todos con ese tono de bohemia izquierdista, vivido, según los casos, con algo de fe y algo de cinismo.

O de cansancio. A un costado de la escalera estaba el cuarto donde se reunía una comisión de rugby. Más allá otro cuarto, donde se armaban mesas de póker hasta la madrugada. El estudiante crónico y el estudiante timbero. Dos personajes, dos modelos, que seguramente no son recomendables, pero que existieron y que dieron lugar a literatura y cine del bueno.

II

Durante años, por lo menos durante dos décadas, la ciudad de Santa Fe fue para mí un territorio acotado -más o menos- entre avenida Freyre y República de Siria, y entre Suipacha y las Cuatro Vías. Más allá era territorio desconocido, tierra de nadie, estepa ignorada.

Por supuesto que sabía que la ciudad existía más allá de esos límites, y con relativa frecuencia incursionábamos en aquellos territorios, pero, y esto es lo que importa, la incursión era muy parecida a la del forastero que ingresa por primera o segunda vez a una ciudad desconocida. A la distancia observo que entonces mi territorio era muy pequeño.

En términos de extensión ocupaba menos del diez por ciento; y en términos de habitantes, seguramente no llegaba al uno por ciento. Pero sin embargo (y mi memoria no me traiciona) esa suerte de ínsula incluía todo lo que un joven -y después no tan joven- necesitaba para vivir, y para vivir bien, incluyendo algunas penas y algunas alegrías, pero sobre todo, incluyendo la totalidad de mi vida cotidiana de entonces.

De hecho, durante todos esos años yo no necesitaba para vivir mi vida de la peatonal San Martín (que entonces no era peatonal), mucho menos de la costanera, del barrio sur o de las barriadas populares. Mi vida de todos los días se extendía por la zona mencionada, algo así (y dale con la cultura francesa) como mi Barrio Latino o, si no les caen bien las orillas del Sena, mi Grenwich Village.

En principio, en aquellos años todas mis necesidades cotidianas se satisfacían en ese territorio. Allí estaban las casas de estudiantes, las facultades de Derecho e Ingeniería Química, el rectorado de la universidad y todos los bares y comedores en los que me encontraba con centenares (y no exagero) de amigos y amigas.

Y también con algunos enemigos y algunas enemigas, porque hasta en las ínsulas más encantadoras las diferencias existen y a veces esas diferencias -sobre todo en aquellos años- pueden llegar a ser feroces.

III

En ese territorio funcionó durante muchos años el Comedor Universitario, el templo, el foro de miles de estudiantes que todos los días del año, de lunes a domingo, nos convocaba a mediodía y a la noche. Allí, además de comer, nos pasaban las cosas más importantes.

En el Comedor se acordaban las citas para las próximas reuniones de la jornada: una peña, una guitarreada, una sesión de jazz, un ensayo de teatro independiente, una mesa de café. Allí nos conocíamos y allí sesionábamos en una suerte de estado de asamblea permanente.

Lo digo sin exageraciones: el Comedor Universitario fue el principal responsable, deliberado o no, de la bohemia estudiantil de aquellos años; una bohemia que incluía todo lo que nos pudiera interesar, desde la amistad al amor, desde la sociabilidad más ruidosa a la soledad más enconada. Todo entonces empezaba y terminaba allí.

El Comedor Universitario cerró en 1975 y nunca más abrió. Durante años funcionó allí una dependencia de Tribunales, pero ahora se ha levantado un edificio torre. Un pedazo de la vida de Santa Fe, de la vida juvenil de Santa Fe o, para ser más preciso, de la estudiantina de los sesenta y de los setenta, desaparece para siempre.

Corrijo: desaparece en la topografía de la ciudad, porque en esa otra ciudad de Santa Fe que mi imaginario fundó sin pedirle permiso a Juan de Garay, estará siempre, sobre bulevar, entre 1° de Mayo y 4 de Enero, abierto de lunes a domingo, a mediodía y a la noche.

IV

Muchos estudiantes del interior pudieron estudiar y recibirse gracias a ese Comedor Universitario. Muchos estudiantes en su momento se movilizaron para que exista y muchos estudiantes nos movilizamos años después para que no se cierre. No pudo ser. Y fue una pena. Alguien dirá que el Comedor se había transformado en un foro en estado de asamblea permanente.

Algo de eso es cierto, pero pregunto a continuación: ¿Alguien supone que dos o mil o tres mil estudiantes de los años sesenta o setenta reunidos todos los mediodías y todas las noches van a limitarse a engullir comida y marcharse en silencio como si salieran de un templo?

Por supuesto que abundaban las asambleas y a veces esas asambleas se prolongaban durante horas. Y por supuesto que también pasaban muchas otras cosas que iban más allá del acto de masticar comida: la amistad, el amor y la alegría estaban presentes. También las trifulcas y las intrigas políticas.

En el recuerdo, lo que me llega es un rumor permanente de voces, de todos los tonos. Y colores, colores de la ropa, colores de los cabellos, colores de la calle y de la vida. Entonces ser joven era un permanente bullicio. Los días y las noches eran largos.

Todos los días eran ricos en novedades. Un escritor, un intelectual, un director de teatro, un pintor, un músico, un tarambana. Contemplado a la distancia, insisto en decir que ser joven es precisamente eso: conocer gente interesante todos los días, estar dispuesto a hacerlo, estar disponible para el asombro.

V

Pero volvamos a la ciudad, al territorio que entonces era mi ciudad. Decía que allí estaba todo. Por lo menos todo lo que a mí me gustaba y me interesaba. Las casas de estudiantes, por ejemplo; las antiguas, nobles y solidarias casas de estudiantes, muchas de las cuales se sucedían de generación en generación.

En algunas calles de ese territorio había en una cuadra cuatro o cinco casas de estudiantes cuya presencia alegraba y escandalizaba a los pacíficos vecinos del barrio.

Abundaban las peñas (sospecho que esa costumbre alrededor de una guitarra y unas botellas de vino ha desaparecido del planeta), las reuniones políticas en cuartos donde convivían los afiches en las paredes con camas destendidas, pisos que extrañaban a gritos una escoba y mesas chuecas con libros y apuntes; los asados en el patio; y las citas amorosas, las cálidas e irrepetibles citas amorosas de entonces.

Todo se mezclaba con todo: la política, el amor, la lectura, el estudio, las peñas. ¿Se entiende ahora el contexto? ¿Se entiende por qué la ciudad para mí y para nosotros tenía límites precisos? Límites que nadie trazaba pero que los establecían nuestras vidas y nuestros años. Se vivía mucho de noche. Una vida nocturna estudiantil hecha de estudiantes que se habituaban a estudiar de noche.

Salíamos del Comedor, algún café en el San Jerónimo, por ejemplo, y después a estudiar hasta la madrugada. Las anfetaminas ayudaban. Ningún elogio para ellas, pero ayudaban. Y, además, no estaban prohibidas. Todavía recuerdo los nombres: Actemin, Desbutal, Obesin, Dexamil, Spanshul.

En algún momento, cuatro o cinco de la mañana suspendíamos la lectura y nos íbamos a tomar un café. Caminatas por calles oscuras o por un bulevar casi sin tránsito. Entonces el Torino, el Capri o Las Cuartetas estaban abiertos toda la noche. Y además uno llegaba al bar a las cuatro a las cinco de la mañana y siempre había conocidos.

De la estudiantina nocturna o de la noche. No cuento estas escenas o estas historias para escandalizar a nadie o para hundirme en la melancolía; las cuento, porque en primer lugar son verdaderas, pero también porque mi prolongada y perdida juventud estuvo marcada para siempre por estas escenas.

Agregar El Litoral en
Agregar a tus medios preferidos en Google
Sobre el Autor
Rogelio Alaniz
Por: 
Rogelio Alaniz
|
Ver Perfil

#TEMAS:
Edición Impresa

Además tenés que leer:

  • Crónica política Cincuenta años: hora de dar vuelta la página
  • Crónica política La guerra y los juegos del poder
  • Glosas santafesinas Aquellas casas de estudiantes
  • Libro de relatos Rogelio Alaniz presenta "Ayúdame a pasar la noche"
  • Crónica política Castas, teocracias y daños colaterales
  • Glosas santafesinas Aquellos bares de mi ciudad
TENES QUE SABER
Milei mantiene la defensa de Adorni, resalta la baja de la inflación y potencia su pelea con el periodismo
De los aurigas de la imprudencia al riesgo de reservas bajas en 2027
Domingo fresco y con lluvias aisladas en la ciudad de Santa Fe
Falsas denuncias, punitivismo y la necesidad de desjudicializar la vida cotidiana
17 de mayo de 1926: así era el mundo hace cien años, visto a través de El Litoral

Te puede interesar:


  • Día Mundial del Reciclaje: por qué "separar la basura" ya no es suficiente para salvar el planeta
  • Rectores del CIN acusan al Gobierno nacional de “desacreditar” a las universidades públicas
  • Un estudio relaciona ciertas profesiones de las madres con un mayor riesgo de autismo en hijos
  • El secreto del éxito de Capibaras, la franquicia de rugby del Litoral
  • Energía, agua, alumbrado y bacheo: cómo fue la evolución de los servicios públicos en Santa Fe
  • Milei mantiene la defensa de Adorni, resalta la baja de la inflación y potencia su pelea con el periodismo
  • De los aurigas de la imprudencia al riesgo de reservas bajas en 2027
  • Domingo fresco y con lluvias aisladas en la ciudad de Santa Fe

Política

Las estrategias de Balcarce 50 Milei mantiene la defensa de Adorni, resalta la baja de la inflación y potencia su pelea con el periodismo
Reorganización partidaria Renace el PDP en Las Colonias
En la capital Encuentro Republicano
Recorridas y señales en la UCR "El jefe"
Presentación El vicegobernador

Área Metropolitana

En tres años Energía, agua, alumbrado y bacheo: cómo fue la evolución de los servicios públicos en Santa Fe
Pronóstico Domingo fresco y con lluvias aisladas en la ciudad de Santa Fe
Qué lugares recepcionan más Conciencia ambiental: vecinos de Santa Fe ya llevaron 500 litros de aceite usado a los Ecopuntos
Ciudad capital En Santa Fe, casi el 55% de los inquilinos destina la mitad o más de sus ingresos para pagar el alquiler
Clima Qué dice el pronóstico de este sábado en la ciudad de Santa Fe

Sucesos

Tribunales de Santa Fe Condenaron a un hombre de 25 años por abusar de dos niños en Alto Verde
Barrio San Francisquito Rosario: mataron a tiros a un hombre en la zona sudoeste
Tragedia en la autopista Atropello fatal en el peaje de Parque Avellaneda: un muerto y un conductor prófugo
Lejos de casa Cayó en Sauce Viejo un hombre peruano acusado de un brutal femicidio en su país
En Serodino Allanaron una carnicería por abigeato y encontraron casi 200 “panes” de marihuana

Información General

Economía circular Día Mundial del Reciclaje: por qué "separar la basura" ya no es suficiente para salvar el planeta
Panorama astrológico Horóscopo de hoy 17 de mayo 2026
Horóscopo del día Horóscopo de hoy para Piscis: 17 de mayo de 2026
Horóscopo del día Horóscopo de hoy para Acuario: 17 de mayo de 2026
Horóscopo del día Horóscopo de hoy para Capricornio: 17 de mayo de 2026
El Litoral
  • Campolitoral
  • Revista Nosotros
  • Clasificados
  • CYD Litoral
  • Podcasts
  • Mirador Provincial
  • Viví Mejor
  • Puerto Negocios
  • Notife
  • Educacion SF
Hemeroteca Digital (1930-1979) - Receptorías de avisos - Administración y Publicidad - Elementos institucionales - Opcionales con El Litoral - MediaKit
El Litoral es miembro de:
adepa.org.ariab.comadira.org.ar
afip.gob.ar