Muchos son los que sufren tormentos, incluidos un cardenal, un obispo y un cura (reconocibles, respectivamente, por su sombrero rojo, su mitra y su tonsura) que se cocinan a fuego lento, junto a muchos otros, en una gran olla, rodeados de demonios que los castigan. Como dato de interés puede mencionarse el uso de otro típico recurso de la pintura cusqueña: el empleo de textos que complementan a las imágenes. En este caso, dos cintas blancas, que por contraste facilitan la lectura de las grafías, atraviesan horizontalmente la escena. En una, ubicada en la parte superior, encima de Satán, se lee (modernizo el texto): "Ay de nosotros, para qué pecamos, ya no hay remedio en el infierno adonde no hay que ver algún orden sino eterna confusión". La otra, en la parte media, expresa: "Ay de mí que ardiendo quedo, Ay que pude ya no puedo, Ay que por siempre he de arder, Ay que a Dios nunca he de ver".