Decíamos que, en 1946, un hallazgo historiográfico casual conmovió a sectores académicos, pero se tuvo especial cuidado para que no trascendiera más allá de ese pequeño grupo de historiadores. Todo ello ocurre cuando el historiador Narciso Alonso Cortez descubre, entre una serie de pleitos inquisitoriales, que Alonso Sánchez de Cepeda, su padre, y Alonso Sánchez de Toledo, su abuelo, fueron penitenciados y condenados a usar un "sambenito" por un corto tiempo. Fue tal la conmoción del historiador que, según se comenta, ni él lo podía creer. La santa idolatrada tenía la sangre manchada por ser descendiente de judíos.