Hay lugares que nos constituyen. Allí somos fieles a nosotros mismos, la autenticidad se impone sin dejar margen a los intentos frecuentes de falsificar la vida. Nos extendemos en ellos tanto como esos espacios ingresan en nosotros. No hay fronteras entre sí, los habitamos y nos habitan. Lejos está de obedecer a una ciega habitualidad, sino que responde a un tácito compromiso de cuidado mutuo.

































