Un liso y una empanada, en una tradicional esquina de Santa Fe, me sirvieron para comprobar que el paisaje, terco, se repite. Hay que saber quiénes son y qué se puede hacer por ellos, porque hace tiempo que son parte del presente y nadie quiere que también sean parte del futuro. Son los chicos que piden y los bebés que se usan como reclamo para pedir. Les pondré nombre para que sean más visibles.




































