Para el santafesino de a pie -o más bien, para el que suele desplazarse en automóvil-, la Cumbre del Mercosur supuso poco más que un obstáculo a la movilidad y un aporte al congestionamiento vehicular, ahora desplazado a distintas arterias de la ciudad. Para quienes de alguna manera estuvieron vinculados al acontecimiento -vale decir, las numerosas empresas y trabajadores locales que fueron contratados o prestaron servicios para la ocasión-, una saludable inyección de ingresos y una oportunidad para revalidar credenciales de “competitividad”, no casualmente uno de los términos recurrentes en los discursos escuchados durante este intenso puñado de jornadas.


































