Este reportero acepta a regañadientes la tarea que le asigna su jefa de redacción. Principalmente, desconfía de Rogers; cree que es "pura cáscara", que no es genuino; sospecha que es un vendedor de ilusiones y que encarna un papel en la pantalla que es insostenible en la vida cotidiana. Algo así como que: "No podés ser un santurrón en la calle porque te 'comen crudo'. No podes ser un 'buenazo' porque terminás convertido un 'buenudo'. ¿Quién es el auténtico Rogers? ¿Quién es cuando se apagan las luces del set de filmación?" Tan bravo es Vogel que su esposa, cuando se entera de su próxima misión, le recomienda: "Lloyd, por favor, no arruines mi infancia". El encuentro entre Rogers y Vogel será transformador para ambos y para los espectadores. A Rogers le interesa la "gente rota" ("broken people") por una enfermedad, por una traición, por un engaño, por un abandono, por un fracaso, etc. Vogel se reconoce dentro de ese grupo como también se reconocerán- con el paso de las escenas- los mismos espectadores.