Sumido en una fragmentación de la que solo va a poder salir por arriba, anestesiado por una derrota que aun no ha metabolizado y una confusión con pocos precedentes sobre su rol en el contexto histórico provincial, acechado por la irrelevancia y la languidez, sin nuevas ideas ni objetivos colectivos por delante, ni nuevos liderazgos, ni asunción de responsabilidades, ni gestos de grandeza de parte de dirigentes que siguen empeñados en cobrarse deudas de un tiempo que ya pasó, y hasta habiendo regalado el rol de opositor que debería ejercer, el peronismo de Santa Fe está viviendo su Rusia 2018.

































