La pobreza no es joda, por más que ciertas religiones la hayan ensalzado como sinónimo de desprendimiento, sencillez y camino para alcanzar una vida espiritual lozana. No es joda, aunque periodistas militantes como Eduardo Serenellini (de La Nación+), quieran convencernos de que comer una vez al día es parte del esfuerzo que hay que hacer -sin avergonzarse- para sostener las medidas de ajuste de Javier Melei, cuyos éxitos veremos -si sobrevivimos- aproximadamente dentro de quince años.



































