Hay comportamientos que dejan sin dignidad al hombre. Pero pocos que se realicen con tanto asentimiento, cierta satisfacción y gratuidad, como seguir sin reservas a un líder político. Aceptarlo todo el tiempo, diga lo que diga, haga lo que haga, sin beneficio de inventario. Ni a un familiar o amigo se le concede tanto. En cambio, la adhesión al político es absoluta y genera la más efusiva defensa si se lo critica. La vida pública en la Argentina ha dado sobradas muestras, durante décadas hasta el día de hoy, de este problemático fenómeno.
































