Es una foto reveladora. Tiene 133 años de existencia. Fue tomada en un monte cercano a Monigotes por Ernest Helmut Schlie, nacido en la colonia de Esperanza de un matrimonio de alemanes.

Es una foto reveladora. Tiene 133 años de existencia. Fue tomada en un monte cercano a Monigotes por Ernest Helmut Schlie, nacido en la colonia de Esperanza de un matrimonio de alemanes.
Monigotes es un topónimo antiguo originado por los conquistadores españoles durante la exploración de caminos de comunicación entre las riberas del Paraná y tierra adentro, hacia el oeste; hacia el Tucumán y el Alto Perú. El origen del nombre se vincula con el hallazgo de una rudimentaria figura indígena de madera, a la que se le llamó "el monigote", o "el lugar de los monigotes", porque al parecer había varias. Como sea, es evidente que el vocablo prendió, convirtiéndose en topónimo duradero. Hasta nuestros días.
Los registros históricos señalan que el origen del pueblo se remonta al establecimiento de una línea de fortines en el siglo XIX, con la finalidad de defender la frontera norte de la provincia de Santa Fe contra las incursiones de grupos guaycurúes. La cuestión es que, logrado el propósito, hacia fines de esa centuria comenzó a tenderse el tramo del Ferrocarril Central Argentino que uniría la localidad de Sunchales, en Santa Fe, con el pueblo de Pinto, en el sureste de la provincia de Santiago del Estero. Así, el 21 de febrero de 1890 se funda, junto a las vías, la Estación Monigotes. Y en torno a ella surgirá el caserío.
Dos años antes, sin embargo, dos familias judías habían llegado como avanzada, guareciéndose en dos ranchos levantados a criolla en medio del monte. Eran las encabezadas por Hirsch Guibert y Jacobo Leibovitz. Y como escribe Luis Priamo, exhaustivo investigador de los orígenes y desarrollo de la fotografía en nuestro país, venían de Besarabia (hoy, Moldavia) e integraban un pequeño grupo cuyo viaje había sido organizado por la "Alliance Israélite Universelle", institución de apoyo a los judíos radicada en París. Ambas familias llegaron a Buenos Aires en el invierno de 1888, y desde allí marcharon hacia el noroeste santafesino.
Para evitar confusiones, se aclara que esta organización no es la que llevará adelante el proyecto de emigración colonizadora, similar pero independiente, que lideró el rabino Aarón Goldman con los futuros fundadores de Moisés Ville, arribados al país al año siguiente a bordo del vapor Wesser.
Volviendo a Monigotes, la historia cuenta que éste fue el primer lugar de radicación de inmigrantes judíos en la Argentina. Y que, en este sentido, financiadas por la "Alliance Israélite Universelle", llegaron ocho familias con el propósito de dedicarse al cultivo del trigo. Las primeras fueron las de Guibert y Leibovitz, fotografiadas por Schlie en el transcurso de un viaje en carro con destino a San Cristóbal.
A propósito de esas imágenes, resulta interesante y llamativo que el fotógrafo esperancino denominara "Casa israelita" a una de las imágenes que tomara en el monte de Monigotes. Y que, en 1889, la incluyera en un álbum cuya única copia conocida se encuentra en el Museo de la Colonización de Esperanza. Es evidente que esa imagen le llamó mucho la atención. Se percibe el interés del autor por documentar el contraste manifiesto entre el ambiente rústico y la presencia de mujeres procedentes de etnias antiguas, junto a las dos mujeres que aparecen en primer plano, las esposas de Guibert y Leibovitz, de pieles blancas y vestidas a la europea, asidas a sus sombreros como quien se aferra a una brizna de civilización en un medio agreste y remoto de América del Sur.
Habían llegado en carros tirados por caballos, adelantándose a las vías del Central Argentino, y hasta que levantaran sus propias viviendas, se guarecían de la intemperie en ranchos primitivos, levantados con barro, palos y paja, los que, por las mataduras del tiempo, parecen haber estado construidos con anterioridad; ranchos ofrecidos por pobladores preexistentes. Por eso, resulta curioso que a ese rancho entre indio y criollo lo haya denominado "Casa israelita", usando un gentilicio referido al antiguo y desaparecido reino de Israel, de bíblicas connotaciones (el moderno Estado de Israel aún no existía). Lo más probable es que haya sido una derivación del nombre de la organización internacional que había promovido el viaje de las primeras ocho familias a nuestra provincia.
En cualquier caso, la novedad es que, en 1888, los recién llegados venían detrás de una esperanza alentada por la Constitución Argentina de 1853/60, el texto fundamental que le abrió las puertas del país a "… todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino…". Eran los primeros hebreos europeos, arribados para desmalezar el monte, sembrar la tierra y cosechar el grano. Como tantos otros, en sus respectivos oficios y quehaceres. Como Schlie, el fotógrafo hijo de alemanes que capturara esta imagen para la historia. Como los que vivían en la colonia de Esperanza, primera del país, fundada en 1856, de donde el fotógrafo provenía. Como los que un año y medio después darán vida en la cercanía a la emblemática colonia judía de Moisés Ville (con un tremendo costo de vidas en los comienzos del asentamiento). Como todos los que aportaban trabajo y capitales para edificar una nueva nación basada en la pluralidad de orígenes, la libertad de pensar y emprender, y una voluntad común y sostenida para inscribir a la Argentina en el mapa del mundo.
Ahora, con tristeza, sabemos que la mayoría de los descendientes de aquellos pobladores pioneros han emigrado a otros países, principalmente a Israel, en busca de lo que hace más de un siglo vinieron a buscar a la Argentina, entonces promisoria.




