La ciudad que sería sede de la Reforma Constitucional de 1994, mostraba los signos de agotamiento de las recetas desarrollistas. Desde 1955, estas habían habilitado una fase de auge económico sobre la base de la industria pesada y a partir de inversiones extranjeras, pero con la necesaria orientación del Estado. En cambio, en el marco de la última dictadura militar, comenzó a implantarse el modelo neoliberal, dispuesto a reconfigurar y reducir el rol estatal y a reestructurar el perfil productivo de la Argentina, privilegiando al sistema financiero y a los grupos de capital más concentrado. Se auguraba así un prolongado tiempo de crisis y recesión.


































