Me gusta esta canción, porque muestra cómo la madurez en el amor va de la mano de ir perdiendo la ansiedad y aceptar lo transitorio del amor, su finitud (como acontece con todo lo humano), independientemente de cuánto dure. No es lo que ocurre con las relaciones tóxicas, que tienen como trasfondo una versión del amor que no tolera las condiciones… la del primer amor, que no termina de pasar y dar lugar a una nueva experiencia. Por eso suelen tender a la repetición, porque el circuito de la decepción, en lugar de llevar a una concepción amorosa que incluya los límites -que no tienen por qué ser limitaciones, sino posibilidades- en el interior del vínculo, los busca siempre en el otro. De esta manera es que, en las relaciones tóxicas, se termina por tratar de todo lo que el otro hace, sin que podamos reconocer nuestra parte en la expectativa de una fusión para la cual, cualquier interrupción, es vivida como una amenaza y un anticipo del fin.