"¡Corten!", grita el director. La gran dama, primerísima y legendaria actriz, hace un gesto vago mientras la rodean su asistente, la maquilladora, el representante, el joven apuesto (todos, menos ella, afirman que es su amante), el segundo asistente que le alcanza agua en bandeja, el iluminador que viene a disculparse porque ella se ha quejado a causa de la luz que no la destacaba, (...)



































