En una de las mejores novelas antibélicas que leí, tal vez la mejor, Trampa 22 (Catch 22) uno de los personajes, piloto de caza bombardero, cada tanto anunciaba que el avión andaba mal y se caía al mar, o se tiraba en paracaídas… al mar. Sobrevivía en la pequeña balsa hasta que lo rescataban. Ya en la base (en Malta) solía practicar encender fuego con el pequeño calentador de campaña y preparar esas raciones que están en el paquete de supervivencia para los accidentes en el bote.

































