Las últimas estrellas de la noche se van despidiendo y el amanecer entra como un susurro por las cortinas de la casa. Estremeciendo el silencio, el gallo saluda el nuevo día con estridencia, y a los lejos, otro, propaga su canto más allá. Él ya está despierto. Su mente va tejiendo fantasías en la oscuridad de la habitación que se va aclarando lentamente. Usualmente se levanta al alba, y antes de ir a la obra, garabatea alguna historia en las libretas que se van acumulando en un estante de la rústica biblioteca que ocupa una pared del dormitorio. Un pasatiempo de soñador que sirve para amainar su oficio de constructor. También guarda allí muchos libros. Demasiados. Y como ya no caben en el mueble se van apilando prolijamente por los rincones, poblando cada espacio vacío con su universo de papel. Le gusta leer, descubrir, saber… y lo que no conoce se lo imagina. Es bueno en eso.


































