La proclamada República Bolivariana se ha vaciado de contenido. Lejos está de ser una república y su sistema democrático fue reducido a una pantomima. El presidente ya no es el elegido por las mayorías sino que se trata de un dictador implacable que administra el odio y el terror en la ciudadanía. Los legisladores cómplices y los jueces, ejecutores de la demoníaca legislación chavista, orientada a silenciar y a reprimir.



































