Era la mañana del 24 de enero de 1984 y ya circulaba en todos los ámbitos y comunidades la triste novedad; en los barrios, las ciudades, iba haciendo mella en todos, en distintas personalidades y en humildes trabajadores: "¡Ha fallecido monseñor Zazpe!" "¡Se lo llevó Dios!" La gente se hacía eco de la noticia y opinaba sobre su deceso, a la vez que en una inmensa mayoría, entre lágrimas y mucho dolor, afloraba un sincero reconocimiento hacia el valor de su obra y su persona. Había nacido en Buenos Aires el 15 de febrero de 1920, faltaban pocos días para que cumpliera 64 años.




































