Al hablar de inteligencia en nuestro país es importantísimo aclarar de antemano que los individuos que la componen – en todos sus niveles - tienen una preparación eficaz y una formación más que adecuada. Del mismo modo están sus voluntades de ser aprovechados para proteger los puntos sensibles de nuestra soberanía aplicando sus conocimientos y capacidades. El problema radica, y se explica a lo largo de las próximas líneas, en los funcionarios políticos que actúan y determinan con desidia o intencionalidad en el tema. Por eso, cuando ocurren hechos como el vinculado al avión del momento, militares responden oraciones que indican que “cuando nos enteramos de estas cosas, no podemos hacer nada”, tal cual revela una fuente militar consultada. Es la respuesta esperada ante la derogación que el actual gobierno implementó con su llegada al poder, donde se dejó atrás la intención macrista de empeñar a las Fuerzas Armadas ante amenazas externas que no necesariamente sean estatales (como potencialmente puede ocurrir en el caso de los viajeros en cuestión). La decisión de correr la intervención militar ante estos fenómenos (no sólo en términos reaccionarios, sino con su capacidad de prevención y alerta) presupone la eficacia de las entidades escogidas, pero esto fue descartado por la máxima autoridad de inteligencia en el país. Las vulnerabilidades y el desaprovechamiento que permiten un panorama preocupante para la protección de los objetivos estratégicos de nuestro país.

































