"Hoy somos más cordobeses que nunca, hoy es Córdoba la que se puso de pie. Basta de que nos maltraten de afuera, basta de que nos digan qué hacer los pituquitos de Recoleta. Que este ejemplo sea tomado por el interior de nuestra Patria, este es el grito de Córdoba". La exultación de Martín Llaryora, el intendente de Córdoba y gobernador electo, que en la noche del pasado 24 de julio festejaba el triunfo de Daniel Passerini para sucederlo en la ciudad capital, tenía claros destinatarios: los dirigentes nacionales de Juntos por el Cambio que ese día habían viajado ahí con la expectativa de festejar la victoria de Rodrigo de Loredo. Un escenario que mostró la esquiva foto "de unidad" entre los sectores que responden a Patricia Bullrich y a Horacio Rodríguez Larreta, que no sólo fue el preludio de nuevos y mayores actos de distanciamiento, sino que en ese mismo momento terminó siendo involuntariamente la imagen de una derrota.




































