Hasta hace poco tiempo, podía darse por hecho que La Libertad Avanza ganaría las elecciones de octubre. Pese a todos los contratiempos apuntados (y el estrepitoso resultado en la provincia de Buenos Aires), eso sigue estando entre las alternativas más factibles. Pero, a pesar de que muchos análisis darán por zanjada la cuestión recurriendo a lógicas absolutas de victoria y derrota, los niveles y proporciones en que una u otra se produzcan serán decisivos. En términos relativos, el partido violeta iniciará diciembre con más legisladores que los actuales; pero sólo por el hecho de que, a diferencia de sus contrincantes, son muy pocas las bancas que pone en juego (son escasos en sus filas los mandatos que finalizan). En términos absolutos, por otra parte, ningún nivel de triunfo posible sería suficiente para otorgarle mayoría en alguna de las Cámaras del Congreso. En el mejor de los casos, mejoraría su base para gestionar acuerdos y adhesiones, que al menos aumenten sus chances de "blindar" vetos y decretos, ante un parlamento cada vez más renuente a tolerarlos. Esta circunstancia se volverá más acuciante en caso de prosperar la iniciativa que apunta poner límites y frenos a los DNU, esa herramienta de emergencia a la que el presidente Milei vino echando mano con una frecuencia y un alcance inusitados, sobre todo para sustentar los ajustes y desregulaciones que son un pilar central de sus políticas.