En los intramuros de la Casa Rosada y el Palacio de Hacienda se percibe la ansiedad clásica de los gobiernos que inician la etapa final de sus mandatos con dificultades vinculadas a la economía, el consumo y el empleo. Vale decir que el factor judicial -que suma presuntos hechos de corrupción- también tiene injerencia en términos electorales, pero nada supera a los tres primeros a la hora de jugarse todo a una reelección. Los hermanos Milei han depositado su confianza en dos figuras ligadas al macrismo en torno a las negociaciones políticas con los gobernadores dialoguistas y sus legisladores. Ellos son Diego Santilli en su calidad de jefe de Gabinete y Patricia Bullrich como titular del bloque libertario en el Senado, precisamente el lugar donde las últimas iniciativas del Ejecutivo nacional están en espera. El proyecto de Inviolabilidad a la Propiedad Privada quedó trunco en la Cámara alta por cuarta vez y ya tuvo más de 15 modificaciones. El nudo del problema está en el control en cantidad de la venta de tierras a extranjeros, que sin límites dejaría de estar bajo la égida de las provincias. Por su parte, la Reforma Política que derogaría las PASO ingresa en otro conato de dudas debido a la resistencia de quienes tienen que reordenar sus fuerzas y candidaturas a través del sufragio, tal el caso del Justicialismo, que, de todos modos, tiene caudillos como Raúl Jalil, que, desde Catamarca, prefiere estar al calor de Balcarce 50 y respaldar la eliminación de las primarias, que meterse en la interna que tiene por protagonistas al camporismo de los Kirchner y a los intendentes de Axel Kicillof. Lo de las colectoras parece enfriarse y la idea de suspenderlas parece adquirir cierto consenso entre propios y extraños. Igual la decisión sigue con final abierto.




































