La tradición política -desde la batalla de Pavón hasta hoy- reservó aduanas y otros privilegios para el poder central en Buenos Aires. El gesto de Justo José de Urquiza ahorró sangre en favor de la organización nacional, pero con el tiempo -convertida la ciudad en capital federal- quedó en claro que más allá de la General Paz quedaba “el resto del país”. Y la palabra (resto) es un significante más poderoso de lo que el naturalizado coloquio sugiere.




































