En octubre de 2025 se desarrollaron en la Argentina las elecciones legislativas para renovar de manera parcial las cámaras de Senadores y Diputados de la Nación.
Una investigación revela la modalidad utilizada en redes para desacreditar a candidatas en las elecciones legislativas de 2025. “La violencia en Argentina no busca únicamente silenciar; apunta a una estigmatización permanente”, advierte.

En octubre de 2025 se desarrollaron en la Argentina las elecciones legislativas para renovar de manera parcial las cámaras de Senadores y Diputados de la Nación.
Una investigación se propuso indagar en el tratamiento recibido por mujeres candidatas en las principales redes sociales.
Entre los hallazgos surgieron dos conceptos: uno es la “saturación semántica”, por la que se repiten conceptos estigmatizantes y criminalizantes que son amplificados e indexados algorítmicamente como parte de la identidad política de las candidatas. “Esto genera una marca digital de ilegitimidad que resulta prácticamente imposible de disociar de sus propuestas políticas concretas”.
El segundo es el “ataque de los 120 segundos” que ocurre cuando, a partir de una publicación inicial agresiva, se desencadena una lluvia de mensajes similares, claramente coordinados, esta modalidad es más visible en X.
El trabajo fue realizado por Fundación Multitudes, una organización de la sociedad civil sin fines de lucro creada en Chile en 2014, cuya misión es reducir la brecha entre la ciudadanía y los procesos de toma de decisiones públicas.
El resultado fue publicado con el nombre de “Manipulación de información dirigida a candidatas mujeres: un análisis integral - El caso de Argentina”.
A su vez, este se inscribe en el proyecto Combatiendo la manipulación de información dirigida a candidatas mujeres durante procesos electorales en América Latina, financiado por Global Affairs Canada, que también alumbró informes sobre Venezuela y Bolivia.
Paulina Ibarra está al frente de la Fundación y expuso los resultados de esta indagación en la última Cumbre Global de Desinformación que se realizó a fines de mayo. Luego dialogó vía correo electrónico con El Litoral.
Pero antes hay que explicar de dónde salieron los datos: fueron 75.363 publicaciones y comentarios en X, Instagram y YouTube. Para analizarlos, se utilizó un sistema de clasificación híbrido: un banco de palabras ampliado con jerga política argentina (para identificar el sentido de términos como “chorra”, “planera”, “montonera”) e IA (ChatGPT 5.2) para detectar sarcasmo y contexto político.
La investigación clasificó el discurso digital en cuatro pilares narrativos principales. El primero es menosprecio, la categoría más frecuente que apunta a la capacidad intelectual y estabilidad mental de la candidata. Términos como "loca", "burra" y "delirante" se emplean para infantilizarlas.
El segundo es cuerpo y sexualidad, con ataques a candidatas de todo el espectro ideológico centrados en la edad, el peso o la moral sexual percibida.
Siguen los roles de género, que cuestionan la idoneidad de una mujer para ejercer el poder, “apelando a roles domésticos tradicionales”. A las candidatas se les dice que “vuelvan a la cocina” o se las critica por su supuesto fracaso como madres o parejas.
El último es el desprestigio, “pilar de la criminalización”, ya que implica el uso repetitivo de etiquetas como "chorra", "kuka" o "montonera".
Además, en el análisis se identificó la figura de “súper usuarios o multiplicadores”, perfiles específicos que replican exactamente las mismas narrativas violentas, a menudo utilizando frases idénticas, a través de X y YouTube con solo minutos de diferencia.
“Actúan como los arquitectos del vacío institucional: al dominar la conversación en múltiples plataformas, crean la ilusión de una protesta pública unánime contra una candidata” y terminan desencadenando una “autocensura estratégica”.
Aquí hay que mencionar otras dos conclusiones: la brecha “crítica entre la velocidad de la agresión digital y la “lenta” respuesta de las instituciones democráticas y la “normalización de la hiperagresión”: “Cuando etiquetas criminalizadoras como yegua, parásito o loca se utilizan sistemáticamente sin consecuencias, se filtran en el vocabulario del electorado indeciso”.
El trabajo de Multitudes fue de diagnóstico a la acción, a través e tres talleres especializados en fortalecimiento de capacidades, donde se avanzó en premisas para fomentar un “escudo digital”, una cultura de seguridad entre las mujeres líderes que enfrentan un panorama digital hostil.
En diálogo con El Litoral, Paulina Ibarra, directora de Fundación Multitudes, amplió algunos de los hallazgos de la investigación.
- ¿Por qué decidieron enfocarse en candidatas de la Argentina?
- Argentina es uno de los casos de estudio de una investigación regional más amplia. La iniciativa fue desarrollada con el objetivo de analizar cómo la manipulación de información afecta a las mujeres candidatas en distintos procesos electorales de la región y elaborar respuestas para este fenómeno.
La selección de los países respondió al calendario electoral de los años 2025 y 2026 y a la posibilidad de desarrollar investigaciones comparadas junto a aliados locales.
De esa investigación surgió el informe. Allí se expusieron conclusiones sobre las principales narrativas de desinformación y violencia digital dirigidas contra mujeres candidatas, los mecanismos que las amplifican en el ecosistema digital y los desafíos que plantean para la integridad electoral y la participación política de las mujeres.
Este estudio es una de las primeras publicaciones de una serie que iremos desarrollando a lo largo del proyecto. Todos estos productos alimentarán el Centro de Recursos del Observatorio de Mujeres sobre Desinformación y Democracia, una plataforma regional que reunirá investigaciones, herramientas y recursos para fortalecer la capacidad de gobiernos, organismos electorales, sociedad civil, academia y medios frente a la manipulación de información con perspectiva de género.
Nuestro propósito va más allá de estudiar casos aislados. Buscamos construir evidencia comparada que permita identificar patrones regionales, comprender las particularidades de cada contexto nacional y formular recomendaciones concretas para fortalecer la integridad electoral, proteger la participación política de las mujeres y, en definitiva, robustecer la democracia en América Latina.
-¿Hay una estrategia particular en los medios digitales dirigida hacia las mujeres candidatas? ¿Tienen efectos concretos sobre ellas?
- Sí. Nuestra investigación confirma que existe un patrón diferenciado de ataques contra las mujeres que participan en política.
Mientras los hombres suelen ser cuestionados principalmente por sus posiciones políticas, los ataques contra las mujeres buscan desacreditarlas desde su condición de género. Apelan a estereotipos, a comentarios sobre su apariencia física, su vida privada o su maternidad, y a cuestionamientos sobre su capacidad de liderazgo.
Con frecuencia estas narrativas se amplifican mediante campañas coordinadas en redes sociales e incorporan imágenes manipuladas, inteligencia artificial o contenidos sacados de contexto. Y tienen efectos concretos. Generan autocensura, afectan la salud mental, elevan los costos personales de hacer política y pueden llevar a algunas mujeres a reducir su exposición pública o, incluso, a abandonar espacios de liderazgo.
El resultado es doble: se vulneran derechos individuales y, al mismo tiempo, se restringe la representación política de las mujeres y se debilita la democracia en su conjunto.
- ¿Qué experiencia recogen de otros países de la región?
- Una de las principales conclusiones del proyecto es que, más allá de las diferencias políticas entre países, existen patrones comunes en toda la región.
La violencia digital de género se reproduce de manera consistente durante los procesos electorales; las plataformas siguen mostrando dificultades importantes para responder a este tipo de ataques; y los marcos normativos continúan siendo insuficientes para proteger adecuadamente a las mujeres candidatas.
Pero el panorama también ofrece señales alentadoras. Diversos países están impulsando reformas legales, fortaleciendo mecanismos de monitoreo, desarrollando iniciativas de alfabetización digital y promoviendo alianzas entre organismos electorales, sociedad civil, academia y plataformas tecnológicas. Documentar y compartir esas experiencias es justamente lo que permite construir respuestas regionales más sólidas, y es el sentido último de nuestro trabajo comparado.
- ¿Cómo se contrarrestan los efectos de estas campañas de desprestigio y desinformación?
- No existe una solución única. Contrarrestar la manipulación informativa exige un enfoque integral y sostenido.
Desde Fundación Multitudes creemos que es necesario combinar investigación basada en evidencia, fortalecimiento de capacidades, alfabetización digital, reformas normativas y una mayor responsabilidad de las plataformas tecnológicas.
A ello deben sumarse mecanismos específicos de protección para las mujeres candidatas, una cooperación más estrecha entre autoridades electorales, sociedad civil y empresas tecnológicas, y políticas públicas que incorporen de manera transversal la perspectiva de género y de derechos humanos.
La desinformación evoluciona de forma permanente, sobre todo con el avance de la Inteligencia Artificial. Por eso las respuestas también deben evolucionar. El desafío no es solo técnico: se trata de fortalecer la resiliencia democrática y de garantizar que todas las personas puedan participar en la vida pública en condiciones de igualdad y libres de violencia.





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