Transcurrieron los días. Saín no participó de ninguno de los actos organizados por la cartera a su cargo durante la semana pasada; no estuvo en los anuncios de incorporación de nuevos efectivos en las ciudades más conflictivas de la provincia, ni en la presentación de los resultados del censo policial. Molestia y - quizá – razones personales confluyeron para que esa ausencia fuera tal y no pasase desapercibida. El lunes, el ministro retomó actividades – aunque ninguna pública – en el ámbito de la provincia. Y ayer, el gobernador volvió a sembrar interrogantes sobre el futuro de su colaborador. Cuando la prensa lo consultó, escapó a la ratificación o una declaración explícita y reiteró el "por ahora, no voy a hablar del tema". La expresión amplificó la incógnita, que nadie en el gabinete está en condiciones de develar. Muchos siguen valorando al ministro y su trabajo, pero entienden que sus actitudes ya no pueden explicarse desde las características vehementes y verborrágicas de una personalidad. Son quienes consideran que en el balance, termina siendo mayor el daño que se le provoca a la gestión, que los aportes generados. Y ya hablan de que "Santa Fe tendrá una continuidad en la política de seguridad, más allá de los nombres".