El producto -uno de muchos- es una valijita que podría disponerse en hospitales públicos, o en consultorios clínicos. “Lo que hacemos -explica Shulz- es desarrollar evaluaciones neurocognitivas, usando una tecnología que se llama eye-tracking, que es básicamente una camarita infrarroja que se pone debajo de una computadora, que te identifica la cara, identifica los ojos y sabe el punto exacto de la mirada en cada centésima de segundo dentro de una pantalla. El ‘hardware’ es adquirido. El algoritmo es un desarrollo propio y la clave decisiva de una idea que propone generar trabajo, dólares, desarrollo y salud.