Y cuenta sobre su inicio en este pasatiempo que “de chica tenía unos rompecabezas de cubos, que en cada lado formaban un dibujo distinto y me encantaban. Después no recuerdo haber armado más, hasta que tuve a mis hijos y empezamos a hacerlo con ellos. Uno de 1.000 piezas la primera vez, algo exagerado, pero eran dibujos de una selva, muy divertidos, y los chicos se fascinaron y empezaron a comprarse los propios, de 100 piezas, o 500, los típicos para esas edades, con ilustraciones de cuentos. Y ya más grandes empezamos a elegir más complejos, siempre para armar en familia, de 1.500, 2.000, en verano, sobre todo en vacaciones, o como excusa de souvenir de algún viaje, hasta uno de 5.000 piezas hace dos años (un mapamundi antiguo) en el que participaron sobrinas, amigos, cualquiera que venía de visita se ponía un rato a colaborar, estuvimos todo el verano con ese trabajo. Ahora estamos en proceso del segundo de 5.000 piezas que le regalé hace unos días a mi hijo mayor por su cumpleaños”, describió la profesora de Inglés y Licenciada en Lengua Inglesa.