Las explosiones, el sonido de ambulancias y bomberos eran algo lejano para los habitantes de Rosario. Aquí se habían visto sólo por TV los conflictos en Medio Oriente o el atentado en Bali (Indonesia). Era algo lejano y extraño. Hasta aquel 6 de agosto de 2013. En que se posaron los ojos del planeta en la ciudad del sureste de Santa Fe por la explosión de gas derivado de una fuga, que provocó la muerte de 22 personas y las heridas de 62. Un error humano en las instalaciones gasíferas del edificio de Salta 2141 derivó en una tragedia que, por su magnitud, alcanzó todos los confines del mundo.


































