Todo empezó con una carta. A mediados de 1879, el entonces presidente de la Nación, Nicolás Avellaneda, le escribió al gobernador de Santa Fe, Simón de Iriondo. La idea central era manifestarle su orgullo ante la presencia que tenían los cereales argentinos en el mercado europeo. “Esto debe ser festejado”, aseguró el mandatario que antes había sido ministro de Justicia durante el mandato de Domingo Faustino Sarmiento. “Debe haber una fiesta nacional dada por los colonos y éstos deben invitar al presidente, que no les causará gastos ni les dará molestias (...) será llamada Fiesta del Trabajo o Fiesta Nacional de los Cereales”, agregó en la misiva.


































