- Como desafíos puedo mencionar haber llegado a Nido de Cóndores, en Aconcagua, cerro Uspallata, otros en Vallecitos y tantos más en la precordillera de Mendoza. Los intentos fallidos al Lanín y al Maipo. Glaciares, lagunas, bosques y montañas en Ushuaia y El Chaltén. Hermosísimas travesías de varios días: Avión de los Uruguayos (emoción y llanto), Tilcara-Molulo-Calilegua (cerros, corrales de pirca y selva), Iruya-Chiyuyoc-SanJuan (paisaje, silencio, soledad), seis refugios en El Bolsón (disfrute casi juvenil), más refugios en Bariloche (recuerdos estudiantiles), camino del Inca a Machu Pichu (inolvidable, fabuloso), camino a Ciudad Perdida en Colombia (selva, mosquitos, arañas, campamentos abandonados de guerrilla y narcos), los cruces sanmartinianos a Chile, a pie por Piuquenes y a caballo hasta el Portillo (inmensidad en la cordillera, historia patria), cumbre y rodeo al Penitentes hasta Punta de Vacas (hermoso, en familia). También es digna de mención la aventura de navegar el río Amazonas Iquitos-Manaos (dormir en hamacas, lugareños, río enorme, insectos, comida sencilla: pollo frito). Y por último la experiencia de navegar en cruceros: al Cabo de Hornos (pandemia -y Covid a bordo-, 64 días en alta mar, regreso de USA en jet privado), al Polo Norte (Svalvard, Groenlandia, Islandia: icebergs, campos de hielo, naturaleza bella, fauna salvaje), y a la Antártida (península antártica, Georgias, Orcadas, frío, tormentas y pingüinos y más frío y desolación).