En el invierno de 1941 una noticia alteró la tranquila rutina de la ciudad de Esperanza y toda la región. Es que todos los indicios hacían pensar en un aparente milagro. Prudencia Ayres una mujer de apenas 34 años que padecía una enfermedad terminal, a quien todos los médicos le habían pronosticado poco tiempo de vida y que incluso tenía la extremaunción de un sacerdote católico, logró curarse y mejorar tras haber estado, según sus propias palabras, “en contacto con Dios”. En las semanas posteriores, luego de una amplia cobertura mediática, convocó a miles de fieles tanto en Esperanza como en Gálvez, que era su ciudad natal y en torno a la propia Basílica de Guadalupe.


































