También se pierden nutrientes y, con ello, disminuye la fertilidad, característica que cuesta mucho recomponer en estos ambientes. Perder, por ejemplo, nitrógeno y fósforo significa tener menos recursos para reponerse luego del incendio, ya que estos nutrientes son muy necesarios para las plantas y para el suelo mismo. Otros efectos derivados de las quemas son las modificaciones en los minerales del suelo, transformando el equilibrio interno y aumentado su inestabilidad.
Respecto del impacto en la salud de la población, podríamos afirmar que los efectos se “suman” a los que genera la combustión de la biomasa vegetal. La combustión de la materia orgánica implica una muy relevante disminución de carbono almacenado en el suelo, que se transforma en una emisión de dióxido de carbono equivalente a 16 toneladas por hectárea. Esto va a la atmósfera y se suma a lo que fue liberado por la vegetación quemada, por lo que tanto los suelos como la vegetación del humedal vieron afectados sus roles como sumideros.
-¿Es posible revertir estos efectos?
-En plazos cortos no es posible. Los procesos biológicos asociados a la materia orgánica requieren de tiempos largos para su restauración. Todo esto también es muy dependiente de la dinámica del mismo humedal, ya que si se producen situaciones de crecientes esporádicas y/o lluvias que favorezcan el restablecimiento de la vegetación, los plazos tenderán a acortarse, pero siempre considerando períodos largos de tiempo. Nuestro plan de trabajo, además del relevamiento de esta situación inicial cuyos resultados estamos mostrando, implica el monitoreo de estas variables cada 6 meses para tener la información precisa y completa sobre esta evolución.
-¿Qué medidas son necesarias para la preservación de los suelos?
-Lamentablemente y a nivel general, los suelos en la Argentina no son cuidados de manera adecuada en casi ninguna región. Se verifican procesos de degradación importantes generados por la pérdida de materia orgánica por rotaciones de cultivos inadecuadas, altos niveles de erosión hídrica y eólica, compactación y pérdida de capacidades de infiltración, entre otros. Serían necesarias políticas activas de conservación y manejo de los suelos. En otros países de la región se ha avanzado mucho, lo cual no ha ocurrido todavía en nuestro país.