Desde que blanqueó su relación con Mauro Icardi, la China Suárez volvió a quedar en el centro del torbellino mediático: sus publicaciones, su mudanza a Turquía y hasta escenas de rutina familiar se convirtieron en tema de debate en programas y redes.
En ese contexto, habló por videollamada en el ciclo conducido por Moria Casán y le preguntaron de frente por la posibilidad de “hacer las paces” con Wanda Nara, después del episodio que detonó el escándalo conocido como Wandagate.
La actriz contó que en su momento la pasó mal y que el conflicto todavía tiene derivaciones judiciales: dijo que sigue “con abogados y juicios”, y admitió que el impacto también se sintió en lo laboral, al señalar que hubo “una o dos marcas” que se perdieron en el camino.
Al comparar situaciones, mencionó el buen vínculo que mantiene con Rocío Pardo, pareja de Nicolás Cabré, y destacó que lo central para ella es el bienestar de su hija, a quien llamó “Rufi”: remarcó el respeto mutuo y el cuidado cotidiano.
Sobre Wanda, fue contundente: se definió como alguien pacífica, pero marcó un límite personal y dejó la frase más comentada de la nota: sostuvo que no se puede forzar un buen vínculo con alguien que no desea tenerlo y que hay cosas que no olvida.
También le consultaron por la posibilidad de agrandar la familia con Icardi. Su respuesta fue prudente: dijo que tal vez más adelante, pero que por ahora están disfrutando la relación y procesando muchos cambios, especialmente por sus hijos y la adaptación a la nueva vida.
La entrevista subió de tono cuando le preguntaron por el rótulo de “rompe hogares” y por los antecedentes mediáticos, incluido el conflicto con Pampita y Benjamín Vicuña: ella respondió que habló “con quien debía” y que no puede hacerse cargo de lo que otros digan, al tiempo que volvió a poner el foco en su familia y su presente.