Pasó un año del femicidio que conmocionó al país entero, pero en particular a la comunidad de Esperanza. Cuando Agustina Imvinkelried (17) salió del boliche al que había ido a bailar con sus amigas era la madrugada del domingo 13 de enero, pero con el pasar de las horas la adolescente nunca llegó a su casa. Su asesino la interceptó e intentó abusar de ella, pero no lo logró porque Agustina resistió el ataque con todas sus fuerzas. La estranguló y enterró en un descampado aún con vida. Su cuerpo delataba el ataque sufrido, sus pulmones con tierra la inhumanidad de su homicida y sus uñas la identidad del monstruo que la sometió. Se llamaba Pablo Trionfini (39) y se suicidó al día siguiente.


































